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Monroe Big Stick

El golpe de estado a Venezuela es el relanzamiento de la Doctrina Monroe “América para los norteamericanos”, y su “Corolario Roosevelt”, el Big Stick de imposición imperial por medio de la intervención militar directa.

08/01/2026

Por Martin Miguel Ayerbe

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El golpe de Estado a Venezuela es el relanzamiento de la Doctrina Monroe —“América para los norteamericanos”— y su “Corolario Roosevelt”, el Big Stick de imposición imperial por medio de la intervención militar directa. Secuestrado Maduro, el mensaje a la conducción política del PSUV es claro: la “política de buena vecindad” de Trump radicará en que el gobierno venezolano ceda la explotación petrolera a las compañías norteamericanas con el fin de recuperar la producción de PDVSA, en caída durante la última década, y garantizar el flujo a las refinerías de crudo extrapesado de CITGO en Texas, para completar la cadena de valor de extracción, flete marítimo, refinería y surtidor hacia el mercado de consumo interno norteamericano.

Esta intervención va en sentido geopolíticamente opuesto a la operatoria de Sinopec China Petroleum y las rusas Rosneft y Gazprom en campos de la región del Maracaibo y la Faja del Orinoco, con pagos por fuera del sistema dólar y SWIFT. Operaciones no declaradas, con volúmenes desconocidos, a las que EEUU denomina “fuera del mercado” y no tolera. Es importante destacar que, a diferencia del West Texas Intermediate o el Arabian Light —livianos y dulces—, el extrapesado venezolano es ácido y alto en azufre, más difícil de refinar, pero con mayor cantidad de litros de gasoil necesario para el transporte naval, pesado y agrícola, y más escaso que la nafta. Los quintales se calculan en litros de gasoil y este determina el precio de los alimentos y su geopolítica.

La invasión y secuestro del presidente Maduro es expresión de un Estados Unidos que ha perdido el dominio de la globalización en el comercio exterior, la finanza y la eficiencia energética de su esquema de producción industrial frente al avance de las relaciones comerciales y financieras de China, y en segundo lugar Rusia, en Iberoamérica. El golpe a Venezuela es un golpe petrolero, porque en la actividad se eslabona la relación con China y Rusia, que la abastecen de insumos, maquinaria, transporte y sistema de armas a cambio de petróleo.

Venezuela no tiene ascendiente sobre otras naciones más allá de su política de subsidio insular con Petrocaribe (Cuba, República Dominicana, Nicaragua, Antigua y Barbuda, Bahamas, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, Surinam, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Honduras y Haití), carente de peso continental y paralizada desde 2019 por la propia caída de la producción petrolera. Venezuela fue tallador en la OPEP en su creación y con Alí Rodríguez Araque; ya no. En una reciente reunión de diez minutos en Viena, Arabia Saudí, Rusia, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Kazajistán, Argelia y Omán decidieron mantener estable el nivel de oferta de crudo de la OPEP ante la oferta de la alianza EEUU–Canadá–Brasil, a 60 u$/b promedio.

Grandes reservas y grandes consumidores


La caída de la producción venezolana, de 3,5 millones de barriles diarios en su apogeo a 800.000 b/d en la actualidad, es un hecho determinante. Se ha llegado a esta situación por el debilitamiento de la estructura de PDVSA desde el paro petrolero de 2002 contra Hugo Chávez, las consecuentes purgas en la conducción, los sabotajes a ductos y refinerías, el bloqueo marítimo anglo-norteamericano y la falta de acceso a materiales e insumos que Venezuela no produce, además de una última década decadente.

Se está ordenando quién llevará adelante la reconstrucción petrolera: si los chinos-rusos o los yankees; la oferta energética, el precio del barril y la disponibilidad. La caída de la producción no le conviene a Venezuela y menos a EEUU, que consume 20 millones de barriles diarios, equivalente al 20 % del consumo mundial, cuando una década atrás representaba el 25 %. Esta caída relativa va en espejo con el aumento de China, que pasó de 10 a 16 millones de barriles en el mismo período.

Incluso con excepciones a su propia política de sanciones impuestas por Washington desde 2019 —Orden Ejecutiva 13.884—, se autorizó a Chevron, mediante la Licencia 41, a exportar desde Venezuela 200.000 b/d con destino a Estados Unidos, equivalente a un tercio del consumo argentino. Insuficiente cuando podría producir no menos de 3,5 millones de b/d. EEUU importa la mitad del crudo que consume y China importa 6 de los 10 millones que consume. Los 3 millones de b/d exportables venezolanos están en disputa.

La apropiación violenta de las reservas de los países exportadores tiene una faz de fuerza y prepotencia imperial, junto a una sombra de impotencia y avaricia que exhibe el afán de bloquear el flujo de petróleo a China. La fuerza es el derecho de las bestias y el signo claro de derrota política y decadencia imperial del liberalismo angloamericano. Se reconoce un patrón de conducta: amenazar, sancionar, secuestrar, asesinar o bombardear a naciones exportadoras de petróleo, como han sufrido Irán, Nigeria, y hoy Dinamarca, Colombia, México y Venezuela. Lo que constituirá, si Dios quiere, un bloque anti-anglo-norteamericano.

Victoria argentina


La Doctrina Nacional de los Argentinos es la posición permanente que ningún gobierno ni político de turno puede violar sin incurrir en traición a la Patria. En este caso, la Doctrina Carlos Calvo y su continuidad iusnatural en Luis María Drago (1902), en tiempos de Roca y Carlos Pellegrini. Dicta la cátedra argentina que todos los Estados son entidades de derecho perfectamente iguales entre sí, y que la deuda pública no puede dar lugar a la intervención armada ni a la ocupación material del suelo de las naciones americanas.

Por nuestra parte, el porvenir, la grandeza y la felicidad se encuentran en la Unidad Continental Iberoamericana: Nuestra América. Los argentinos ya no podemos dejar en manos extranjeras las actividades estratégicas ni permitir el loteo geoestratégico que nos conduce a la fragmentación territorial. Es tiempo de comprender que en el ejercicio nacional de las actividades está su dominio y defensa.

Nuestra ecúmene iberoamericana


Nuestra doctrina nacional no concibe con cabeza hemisférica ni se alinea ideológicamente en el liberalismo o el marxismo. Define claramente al bloque anglosajón como enemigo. Nuestra ecúmene es heredera de la filosofía griega, el derecho romano y la fe cristiana, llegadas a América mediante la Hispanidad. Frente al materialismo utilitarista anglosajón, sostenemos la fe por obra. Aquí, naides es más que naides.

En estas razones del espíritu se encarna nuestra verdad criolla. El pretérito obliga, ilumina y envalentona. Nuestra Tercera Posición cristiana, humanista e iusnaturalista debe llevar a la unidad política de nuestra ecúmene. Buscar alineamientos coloniales es marchar hacia la extinción.



Martín Miguel Ayerbe
Argentina, 6 de enero de 2026
Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo