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De 50M a 100M Cabezas – El plan matemático. E6/20

EL FOGÓN SOBERANO – ENSAYO 6 APERTURA

02/02/2026

Por Elio Guida

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Los primeros cinco ensayos de El Fogón Soberano documentaron una destrucción. Con datos de FAO, INTA, MAGyP y SENASA demostramos que Argentina pasó de 100 kilogramos de carne per cápita en 1960 a 47 kilogramos en 2025. Que el consumo cayó 58% mientras la población creció 88%. Que el stock ganadero se estancó en 54 millones de cabezas mientras Brasil multiplicó el suyo por tres. Que 35% de nuestros niños tienen anemia y 18% retraso cognitivo. Que las provincias más pobres son las que menos carne comen, y son más pobres porque comen menos carne.


Probamos todo eso con números irrefutables. Señalamos responsables con nombres y cargos. Reconstruimos seis décadas de políticas que priorizaron la soja de exportación sobre la proteína de nuestros hijos.


Ahora viene la parte incómoda. No para nosotros. Para ellos.


Este ensayo demuestra que lo que hicieron era evitable. Que es reversible. Y que seguir en esta línea no es incompetencia: es traición consciente.




Porque cuando tenés los números que siguen, cuando sabés que duplicar el stock ganadero en 8 años es técnicamente viable, económicamente superior y biológicamente conservador, y aun así elegís no hacerlo, la historia no te juzga como inepto. Te juzga como cómplice.


Los Ensayos 6 a 10 construyen la arquitectura completa de restauración. Este ensayo presenta el plan matemático conservador: 50 millones a 100 millones de cabezas. El Ensayo 7 desglosará el financiamiento ítem por ítem. El 8, el marco regulatorio. El 9, las alianzas internacionales estratégicas. El 10, la hoja de ruta política para ejecutarlo.


No pedimos castillos en el aire. Pedimos la mitad de lo biológicamente posible. Y demostramos que negarse a intentarlo cuesta más caro en hospitales que lo que costaría en vacas.


Los números que siguen no son opinión. Son matemática. Y la matemática no miente.


SECCIÓN I. DEL DIAGNÓSTICO A LA ACCIÓN

Este ensayo no denuncia. Construye.


Los primeros cinco ensayos cumplieron su función: documentar con datos irrefutables que Argentina destruyó sistemáticamente su capacidad de alimentar a su pueblo con proteína de calidad. Ahora toca demostrar que esa destrucción no era inevitable. Que es reversible. Y que tenemos los números exactos para hacerlo.


Lo que sigue no es un manifiesto político. Es un plan de ingeniería con costos, plazos y retornos cuantificados. Aplicamos la misma metodología que usaríamos para evaluar cualquier proyecto industrial: definir meta, calcular recursos necesarios, estimar inversión, proyectar retorno. La diferencia es que acá el “retorno” no se mide solo en pesos. Se mide en niños sin anemia. En cerebros que alcanzan su potencial cognitivo. En una sociedad que recupera la estatura física y moral que da comer bien.


Para medir la viabilidad de esta restauración desarrollamos tres índices originales que atraviesan todo el ensayo:


IVR – Índice de Viabilidad de Restauración(clic para ampliar. Acceso Suscriptores)

Compara la inversión necesaria para duplicar el stock ganadero en 8 años contra lo que gastamos cada año tratando las consecuencias de la desnutrición infantil. La fórmula es simple: inversión plan completo dividido costo anual desnutrición.


El resultado: 0.27


Interpretación: por cada peso que invertimos en restaurar la ganadería, ahorramos 3.70 pesos en medicamentos, tratamientos hospitalarios y pérdida de productividad por desnutrición. No es una inversión. Es un ahorro brutal disfrazado de gasto.





ICP – Índice de Capacidad Productiva(clic para ampliar. Acceso Suscriptores)

Mide qué porcentaje de nuestro potencial ganadero biológico estamos usando. Se calcula dividiendo el stock actual por el stock potencial que podríamos sostener con la tecnología y recursos disponibles.


El resultado: 21.6%


Interpretación: Argentina usa apenas uno de cada cinco vacas que podría criar. No es un problema de tierras. No es un problema de clima. No es un problema de tecnología. Brasil tiene recursos comparables y usa 60% de su capacidad. Nosotros, 22%. La diferencia no está en la geografía. Está en la decisión política.




IREI – Índice de Retorno Económico Integrado (clic para ampliar. Acceso Suscriptores)

Este es el dato que debería estar tatuado en la frente de cada funcionario que maneja presupuesto público. Suma tres beneficios verificables —ahorro en salud, ganancia productiva, beneficio ambiental— y los divide por la inversión inicial. El resultado se expresa en porcentaje de retorno.


El resultado: 3,687%


Interpretación: por cada peso invertido en este plan, la sociedad argentina recupera 36 pesos en beneficios cuantificables en 8 años. Retorno 36 a 1. No existe —léanlo de nuevo: NO EXISTE— inversión pública en Argentina hoy que se le acerque. Ni rutas. Ni represas. Ni subsidios industriales. Ni programas sociales. Nada tiene este retorno económico integrado.





Estos tres índices no son construcciones teóricas. Son herramientas de decisión. Cuando un político les diga que “no hay presupuesto” para restaurar la ganadería, muéstrenle el IVR. Cuando les hablen de “prioridades limitadas”, muéstrenles el IREI. Cuando les digan que “no se puede”, muéstrenles el ICP y pregúntenles por qué Brasil pudo y nosotros no.


La arquitectura de este ensayo es directa. Primero establecemos por qué duplicar el stock de 50 a 100 millones de cabezas en 8 años es biológicamente conservador. Después explicamos los sistemas ganaderos disponibles y sus costos reales. Luego desglosamos la inversión necesaria peso por peso, ítem por ítem, año por año. Presentamos también el plan agresivo alternativo —250 millones de cabezas en 12 años— que técnicamente podríamos ejecutar si tuviéramos dirigentes con la estatura política del tercer gobierno de Perón. Y cerramos respondiendo las objeciones que ya sabemos que van a levantar.


Pero hay algo que este ensayo no va a hacer: pedir disculpas por exigir que los chicos argentinos coman antes que el mundo. Ni por señalar que subsidiar soja para 300 empresas mientras 35% de nuestros niños tienen anemia no es política económica. Es complicidad con el empobrecimiento planificado.



Los números que siguen prueban que restaurar la ganadería no es populismo. Es la inversión pública con mejor retorno económico, social y sanitario disponible en Argentina hoy. Y negarse a hacerlo teniendo estos números no es prudencia fiscal. Es otra cosa.


La historia tendrá la última palabra. Pero antes, hagamos que los números hablen.


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