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¡DRAMA TOTAL EN EL VELÓDROMO! La pesadilla de Pogacar se hace realidad: Wout van Aert lo deja sin corona en el Infierno del Norte

En una de las ediciones más rápidas de la historia, el belga sobrevivió al caos del pavé y batió al esloveno en un sprint final de infarto, impidiéndole completar la hazaña de los cinco Monumentos en una París-Roubaix que rozó la locura.

13/04/2026

Por Lumpen Redacción

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La París-Roubaix 2026 volvió a demostrar por qué es apodada el "Infierno del Norte". Con un recorrido brutal de 258,3 kilómetros que incluyó 30 sectores de pavé y 54,8 kilómetros de adoquines, la carrera se convirtió en un ejercicio extremo de supervivencia donde los favoritos no tuvieron tregua. Desde los tramos iniciales, el caos se apoderó del pelotón con una sucesión de pinchazos y caídas que seleccionaron el grupo de forma implacable.

El gran protagonista del día, Tadej Pogacar, quien buscaba hacer historia al completar los cinco Monumentos del ciclismo, sufrió problemas mecánicos que obligaron a su equipo a realizar un esfuerzo épico para reintegrarlo en la pelea. A pesar de la adversidad, Pogacar logró conectar y lanzó ataques feroces en sectores estratégicos como Mons-en-Pevele y Carrefour de l'Arbre, logrando despegarse junto a Wout van Aert a más de 50 kilómetros de la meta. Mientras tanto, otros gigantes como Mathieu van der Poel quedaban fuera de la lucha por culpa de averías mecánicas.



El duelo final se decidió en el emblemático velódromo de Roubaix. Aunque el esloveno entró liderando y marcando el ritmo, Van Aert ejecutó una táctica perfecta: esperó al último giro para lanzar un sprint largo y contundente que dejó sin respuesta a Pogacar. El belga cruzó la meta en solitario, asegurando su primera París-Roubaix y el segundo Monumento de su carrera en una edición que alcanzó una media de velocidad cercana a los 49 km/h.

Jasper Stuyven completó el podio a 13 segundos, mientras que para Pogacar la jornada significó una nueva y amarga frustración en la única clásica que aún se le resiste en su palmarés. En una batalla definida por la resistencia y los detalles, Van Aert demostró que en el pavé, la gloria pertenece a quien mejor soporta el castigo.