En estos días Estados Unidos atacó a Irán, que estaba desarrollando un programa nuclear que era sumamente peligroso para Israel,y así, a instancias del Estado judío, comenzó una guerra contra el Estado persa.
Este hecho mostró en forma evidente que Estados Unidos e Israel trabajan hermanados en el orden internacional.
Así, algunos de los mass media sostienen que Israel maneja a los Estados Unidos y otros (los menos), que los Estados Unidos se sirven de Israel. Pero el hecho cierto e indubitable es que tanto uno como otro son Estados política y económicamente convertibles.
¿Qué quiere decir? Que cuando decimos Israel decimos USA y cuando decimos USA decimos Israel. Son transmutables, intercambiables uno a otro respectivamente.
¿Pero cómo puede ser esto, si un Estado es judío y otro cristiano? Porque el judaísmo de Israel es sionista y el cristianismo de Estados Unidos también es sionista. El sionismo es el lazo que los hace Estados convertibles.
Existen millones de judíos no sionistas desparramados por todo el ancho mundo, que viven cómodamente instalados en cientos de países practicando su religión y su modo de vida sin que nadie los moleste, del mismo modo que existen millones de norteamericanos que son buenos cristianos sin ser sionistas.
Pero lo cierto es que una minoría judía convenció a una minoría norteamericana que el mundo hay que vivirlo como amenaza, donde la guerra es la solución.
Israel se opone a la creación de un Estado Palestino, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos compuesto por 15 miembros solicitó su reconocimiento pero Estados Unidos se opuso y el Estado Palestino quedó como simple observador. Un signo más de la convertibilidad de los dos Estados.
El realismo político nos obliga a pensar que cualquier negociación que hagamos con alguno de los dos por separado no debe afectar ningún interés del otro, de lo contrario, forzosamente, se estanca.
Argentina es el tercer país en el mundo con mayor número de judíos, aproximadamente un millón trescientos mil. Somos su alcancía a cielo abierto. La Patagonia, nuestros campos y nuestras mujeres son su anhelo no disimulado. Tienen el actual presidente y nuestra economía en sus manos. Fuimos después de Gran Bretaña el segundo país que los reconoció. Cuando le preguntaron a Perón por qué lo había hecho tan rápido, respondió: Porque circulaba la versión que se podían venir a la Patagonia.
Con estos y otros muchos datos bien puede pensarse que Argentina podría ser como los Estados Unidos: convertible con Israel. Pero no es así, en nuestro país no existe un sionismo cristiano determinante.
El trato es y tiene que seguir siendo, cordial pero distante, pues sabemos que también a nosotros, que somos más buenos que la perra Lassie, nos viven como una amenaza. Para ellos: con temor y temblor se acercó Abraham.
Para más datos pueden leer a Sören Kierkegaard. (*)
por Alberto Buela, arkegueta, aprendiz constante