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Ganadería regenerativa – tecnología conveniente. E7/20

EL FOGÓN SOBERANO – ENSAYO 7

08/02/2026

Por Elio Guida

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APERTURA

Un Productor Pragmático

Marzo de 2023, 10 de la mañana. El sol ya pegaba fuerte en el galpón de herramientas del establecimiento “San Jorge”, en las afueras de General Villegas, provincia de Buenos Aires. El productor —58 años, tercera generación en el campo— esperaba al vendedor tomando mate con su capataz. Habían terminado de revisar los bretes una hora antes y ahora tocaba escuchar la presentación de tecnología ganadera que le habían prometido por teléfono.


El representante comercial llegó en camioneta 4×4 último modelo, tablet bajo el brazo y presentación PowerPoint lista en la pantalla. El producto: collares GPS con inteligencia artificial para detección de celo en tiempo real. Precio: USD 30,000 la instalación completa para un rodeo de 200 vientres.


El productor conocía el sistema. Había visto quebrarse a su vecino dos años atrás. Tecnología de punta, créditos impagos, remate judicial. El campo tenía cuarta generación. Se lo llevó el banco en 18 meses. Esas cosas no se olvidan en pueblos de 23,000 habitantes donde todos se conocen.


Pero escuchó igual. Los números eran impresionantes: mejora del 20% en tasa de preñez, detección temprana de enfermedades, optimización de movimientos de hacienda, monitoreo 24/7 desde el celular. Tecnología de punta. Lo último en ganadería de precisión. Gráficos en colores, testimoniales de productores en video, certificaciones internacionales.



Al terminar la presentación de 25 minutos, el productor le agradeció al vendedor, le cebó un mate, y le dijo con calma: “Mirá, conozco a cuatro productores que compraron eso. Todos contentos. Funciona. Pero yo no lo necesito.”


El vendedor, sorprendido, dejó el mate en la mesa e intentó rebatir: “¿Cómo que no lo necesita? ¡Va a mejorar su preñez un 20%! En dos años recupera la inversión solo con el aumento de terneros nacidos.”


El productor sonrió. Había escuchado esa línea antes.


“El año pasado compré tres boyeros eléctricos solares a USD 500 cada uno. Total: USD 1,500. Dividí los potreros, hice pastoreo rotativo, ajusté la suplementación mineral. La preñez pasó de 62% a 76%. Eso es 14 puntos porcentuales. Casi la misma mejora que promete tu collar, pero me costó 1,500 dólares en lugar de 30,000. Y me sobró plata para comprar un molino australiano.”


El vendedor no se rindió: “Pero los boyeros no le dan monitoreo en tiempo real. No le alertan automáticamente si una vaca tiene fiebre, si está en trabajo de parto, si se alejó del rodeo…”


El productor lo interrumpió, sin perder la sonrisa pero con firmeza: “Cierto. Pero en 30 años de campo nunca perdí una vaca por no tener un collar que me avise que tiene fiebre. En cambio, sí perdí plata cada vez que me endeudé en tecnología que después no pude pagar. Y vi a gente quebrar por lo mismo.”


Pausa. El capataz miraba el piso. El vendedor miraba la tablet.


“Tu collar GPS mejora 20% y cuesta USD 30,000. Mis boyeros mejoraron 22% y costaron USD 1,500. Hacé la cuenta.”


El vendedor guardó la tablet, se tomó el mate que el productor le había cebado por cortesía, y se despidió. Apretón de manos. “Muchas gracias por su tiempo.” La camioneta 4×4 levantó polvo en el camino de tierra al salir.


Esa noche, en el hotel de Pehuajó, el vendedor tachó al productor de su lista de prospectos. Al lado del nombre escribió: “No entiende las ventajas de la tecnología de punta.”


El productor, mientras tanto, estaba en la mesa de la cocina de su casa, calculadora en mano, revisando el presupuesto para comprar el segundo molino australiano. Los números le cerraban. Con margen. Como tenía que ser.


TESIS CENTRAL

Esta anécdota—real en su esencia, representativa de cientos de conversaciones similares en campos argentinos durante 2022-2024—condensa el argumento central de este ensayo: conocemos la tecnología de última generación. No la descartamos. La integramos en fases madurativas. No por ignorancia. Por matemática.


El Fogón Soberano no es un proyecto que rechace la tecnología moderna por romanticismo ruralista ni por nostalgia del “campo de antes”. No descartamos la tecnología de punta por ignorancia ni por apego sentimental al pasado. La integramos en fases madurativas según criterio de máximo impacto nacional. Primero lo urgente y masificable. Después lo óptimo y selectivo. Los números determinan la secuencia, no la ideología.


Para el objetivo específico de duplicar el stock ganadero argentino en 8 años, la tecnología conveniente—boyeros eléctricos, molinos australianos, suplementación mineral—produce mayor impacto nacional que los collares GPS y los drones multiespectrales. No porque estos últimos no funcionen. Sino porque su alcance es del 5% de los productores mientras las tecnologías simples alcanzan al 90%.



Los collares GPS tienen su momento. Ese momento es la Fase 3, cuando hayamos recuperado los 100 millones de cabezas. Hasta entonces: lo que masifica primero.



RECORRIDO DEL ENSAYO

Este ensayo se estructura en cuatro secciones:


SECCIÓN I demostrará que conocemos perfectamente la tecnología de última generación. Describiremos cinco tecnologías de vanguardia con sus costos, mejoras cuantificadas, y limitaciones de alcance. Crearemos el Índice de Impacto Tecnológico por Cobertura (ITCb) que revelará por qué alta tecnología = bajo impacto nacional en la Fase 1.


SECCIÓN II presentará las cinco tecnologías convenientes que constituyen el arsenal real de recuperación ganadera: boyeros eléctricos, molinos australianos, suplementación mineral, balanzas mecánicas, y alambrado permanente. Cada una con casos argentinos documentados, ROI calculado, y el Índice de Eficiencia Tecnológica por Costo (IETC) que demostrará superioridad matemática de 272 veces.


SECCIÓN III desarrollará el caso de la ganadería regenerativa según Allan Savory: cómo revertir desertificación y lograr captura neta de carbono usando tecnología del siglo XIX (alambrado móvil y cronograma de pastoreo). Crearemos el Índice de Captura de Carbono en Ganadería Regenerativa (ICGR) que probará que la vaca puede ser carbono-negativa sin un solo satélite.


SECCIÓN IV cerrará con la arquitectura completa: las dos fases progresivas de recuperación tecnológica (2025-2037). Fase 1 (Tecnología Conveniente, 8 años, 90% alcance), Fase 2 (Optimización con Alta Tecnología Selectiva, 5 años, con doble estrategia para medianos y grandes). El Índice de Recuperación del Rodeo Ganadero (IRRG) medirá tasas anuales de crecimiento en cada fase.



La conclusión será tan simple como contundente: primero lo urgente, después lo óptimo. Primero boyeros y molinos. Después collares GPS.


Cuando el argentino vuelva a comer 80 kilogramos de carne al año, cuando tengamos 100 millones de cabezas, cuando hayamos recuperado la soberanía alimentaria… entonces, y solo entonces, integraremos plenamente los drones multiespectrales y la genómica de precisión en el sistema productivo nacional.


Pero primero: lo que funciona. Lo que es accesible. Lo que se masifica.


Primero: tecnología conveniente.


SECCIÓN 1: Lo Que Conocemos

Dominio Técnico – Por Qué la Fase 1 No Es Satelital

1.1. Marco Conceptual

Antes de proponer tecnología conveniente, es necesario demostrar que conocemos perfectamente la tecnología de última generación. Este no es un ejercicio de humildad intelectual. Es blindaje estratégico contra la crítica más predecible: “están atrasados 100 años, desconocen lo que existe”.


Conocemos lo que existe. Comprendemos cómo funciona. Calculamos qué mejora produce. Y luego decidimos, con números en mano, cuándo integrarla al sistema productivo nacional.


El criterio de decisión es el Índice de Impacto Tecnológico por Cobertura (ITCb), que mide el impacto nacional real de una tecnología considerando dos variables: cuánto mejora la productividad (Mejora %) y a cuántos productores puede alcanzar (Cobertura %).


Fórmula:


ITCb = (Mejora % × Cobertura %) / 100

Un collar GPS que mejora 20% la preñez pero solo alcanza al 5% de los productores tiene un ITCb de 1.0 (impacto nacional del 1%). Un boyero eléctrico que mejora 15% la preñez pero alcanza al 95% de los productores tiene un ITCb de 14.25 (impacto nacional del 14.25%).



14.25 es más que 1.0. Esa es toda la matemática.


A continuación, las cinco tecnologías de vanguardia que integramos en la Fase 3, no en la Fase 1.


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