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Entrevista al profesor Alberto Buela Lamas

Alberto Buela Lamas (1946), no es un académico convencional; es uno de los filósofos vivos más originales de Iberoamérica y el máximo exponente de la Metapolítica en lengua española. Acaba de editar en España su último libro: Lecciones sobre ética. Es por eso por lo que deseamos que nos dé una clase particular desde estas páginas con esta entrevista.

19/02/2026

Por Jordi Garriga

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Alberto Buela Lamas (1946), no es un académico convencional; es uno de los filósofos vivos más originales de Iberoamérica y el máximo exponente de la Metapolítica en lengua española. Acaba de editar en España su último libro: Lecciones sobre ética. Es por eso por lo que deseamos que nos dé una clase particular desde estas páginas con esta entrevista.


1. En su libro, usted analiza el despliegue de las virtudes desde el mundo grecorromano hasta las virtudes burguesas. ¿Considera que el paso de la virtus como excelencia de la persona a la virtud burguesa como funcionalidad del individuo representa una evolución o, más bien, una degradación ontológica del término?

Ha sido sin lugar a dudas una involución. Podemos hablar de un complemento de las virtudes heroicas de los griegos y romanos y las virtudes cristianas de santidad, pero lo que sigue después es claramente una degradación del término. Comenzando por la virtú  en Maquiavelo que se reduce a una conditio sine qua non de la política, con la Ilustración aparecen las virtudes burguesas y con la postmodernidad la disolución total del concepto.

Así el gran Scheler pudo afirmar en La Rehabilitación de la virtud (1913): La palabra virtud se ha vuelto tan antipática – por los acentos patéticos y sensibleros que le dirigieron los burgueses del siglo XVIII, como poetas, filósofos y predicadores- que apenas podemos reprimir una sonrisa cuando la oímos o leemos.


2. Autores como MacIntyre o Anscombe, que nos indica en su bibliografía, proponen un giro aretaico. ¿Cree que recuperar la ética de las virtudes es un proyecto viable hoy, o la estructura del capitalismo utilitarista ha erosionado irreversiblemente las condiciones sociales necesarias para que la virtud (la areté) florezca?

No sólo el capitalismo utilitarista sino también el marxismo agonizante en sus distintas versiones progresistas.  El capitalismo utilitarista reduce la virtud a la utilidad, como su nombre lo indica y el marxismo agonizante en todas sus variantes progresistas la reduce a la tolerancia como ideología más que como virtud.

Hoy, sostiene Dalmacio Negro Pavón estamos bajo el reinado del dios griego de la estupidez  Koálemos. Estúpidos son los que nos gobiernan y estúpidos somos nosotros que nos dejamos gobernar. De modo tal que tenemos que tomar el toro por las astas y volver a la única solución de la vida honesta del hombre en este mundo que es aquella gobernada por la virtud. 

Las virtudes en su ejercicio, se transforman de prácticas personales en prácticas comunes comunitarias y cooperativas que exigen, a su vez, una práctica social y política concreta, y no solo ideales ilustrados de libertad e igualdad del individuo. El arraigo de las virtudes en el agente moral o político es garantía del acierto. Esto muestra que el deber no es el motivo único de la ética. Las virtudes van más allá del deber. 

Ejemplos: un buen hombre ayuda a cruzar la calle a un ciego, pero del otro lado hay un perro vagabundo y le tira una patada. Un hombre bueno cruza al ciego y deja tranquilo al perro o le tira unas migajas. 

Otro: un buen profesor dicta su clase, un profesor bueno dicta su clase lo mejor que puede y atiende con disposición las consultas de los alumnos más allá del horario de clase.

El consenso partidocrático, el wokismo, la tecnociencia, el reemplazo de la historia por la memoria, la manipulación genética, el ecologismo biologista y otros tantos aspectos han venido a reemplazar la creatio ex nihilo, de modo tal que, reemplazando la creación, solo queda la nada. El nihilismo es causa y consecuencia de la política contemporánea.

Ahora bien, las virtudes no son un fin en sí mismas, sino que los actos humanos están unificados por el fin último o Bien Supremo que está más allá de las virtudes.

El imbécil contemporáneo, el homúnculo en que hemos sido transformados no respeta ninguna regla de modo tal que no tiene otra salida que volverse sobre sí mismo y preguntarse por el sentido de su ser y existencia. Y allí la única salida en el obrar es la vuelta a la práctica de la virtud tanto individual como comunitaria.


3. Respecto al conocimiento en ética, ¿cómo dialoga el intelectualismo moral clásico con el intuicionismo de autores como Brentano? ¿Hemos perdido la capacidad de “intuir” valores absolutos debido al ruido del emotivismo contemporáneo?

El intelectualismo moral clásico es el de Sócrates y Platón donde el que actuaba mal lo hacía por desconocimiento, pero ese intelectualismo tenía valores que estaban situados en un topos uranós, en un lugar del cielo, que se mostraban en la realidad a través de la mayor o menor participación de las cosas y los hombres en ellos.

Franz Brentano, el eslabón perdido de la filosofía contemporánea, cuyo pensamiento, hay que decirlo y reafirmarlo, fue recuperado en primer lugar por los grandes maestros de filosofía que tuvo España, como Xavier Zubiri; Ortega y Gasset, Manuel García Morente, José Gaos y Antonio Millán Puelles. 

Que fue ninguneado o clausurado, como se dice hoy,  por la universidad alemana por su crítica furibunda a Kant y con ello por todas la universidades de Occidente que siguen a pie juntillas a las alemanas.

Este gran filósofo de origen italiano es el que funda la axiología o filosofía de los valores junto con la fenomenología.  y en ese sentido podemos decir que hasta la Enciclopedia Británica le otorga el magisterio sobre la filosofía analítica inglesa diciendo: “James Ward, quien también estudió con Lotze en Gotinga en la décadade 1870, es el autor del artículo «Psicología» publicado en la Enciclopedia Británica, que es la base de su obra de 1918 Principios psicológicos, en la cual reconoce su deuda con Lotze, Brentano y «sus contactos austríacos». 

Resumiendo, para Franz Brentano el origen del conocimiento moral tiene dos fuentes: a) en ciertas percepciones internas o intuiciones concretas dentro de los fenómenos psíquicos donde se destaca lo emotivo o afectivo con el amor como motor del obrar. Pero también funcionan como fuentes: b) los usos y costumbres de los pueblos (el éthos) como juicios ciegos como complemento de los juicios evidentes que nos proporciona la ética con la instrumentación de los principios de preferencia, de adición, de verosimilitud, de probabilidad, según hemos visto.

Aun cuando, claramente, Brentano muestra como “el objeto no tiene un existencia en la realidad independiente, o más allá del sujeto, sino que existe en tanto que hay un acto psíquico”, y este es el gran aporte a la psicología de Brentano. Por ejemplo: hay un florero sobre el piano que hace de soporte, el sentido del piano aparece recién cuando levanto la tapa y lo comienzo a tocar.


4. Kant plantea un formalismo basado en el deber, pero ¿hasta qué punto el rigorismo del deber moderno ha asfixiado la prudencia práctica, convirtiendo al sujeto moral en un mero ejecutor de normas en lugar de un ser con discernimiento?

El rigorismo en ética cualquier sea la corriente es absolutamente estéril. Eso no quiere decir que caigamos en un subjetivismo relativista que no nos lleva a ninguna parte. En ética, enseña Aristóteles, no debemos exigir la exactitud matemática sino el rigor de la verosimilitud. Porque el obrar humano es contingente y puede ser de una manera u otra según la situación o estado.

Todas las legislaciones contemporáneas ceteris paribus se apoyan en Kant y su discípulo Kelsen.

El formalismo del deber reemplazó a la prudencia, basada tanto en el saber práctico como en razonamiento ajustado a la realidad, por la certeza como verdad subjetiva. Es que Kant reduce el obrar a la buena voluntad de modo tal que no importa obrar moralmente bien, sino que lo importante es obrar por deber y entonces va a definir a la prudencia “como el mero interés por el bienestar privado”. La filosofía moderna de la Ilustración con Kant a la cabeza instaló a la conciencia como el principal modo de conocimiento moral en contraposición de la phrónesis o prudencia de la antigüedad clásica y medieval.


5. Max Scheler advertía sobre el resentimiento en la construcción de las morales modernas. ¿Podemos interpretar la ética burguesa como una moral nacida del resentimiento contra los valores vitales y espirituales, priorizando en su lugar lo útil y lo sensible?

Por supuesto. El resentimiento no es otra cosa que el rencor retenido, que se da en aquellos que no tienen la valentía de reclamar por sus derechos justos, tanto si los ofenden como si se los privan.

Entonces viven al otro como amenaza y así Max Scheler puede afirmar expresamente que “los judíos son los maestros del resentimiento”. 

El resentimiento está vinculado, directamente, tanto a la avaricia como la ambición desmedida por adquirir y acumular riquezas, como al igualitarismo al sostener que todos los hombres somos iguales, dos pilares fundamentales de la ética moderna y contemporánea.


6.¿Es la ética de los valores (Scheler, von Hildebrand) el último bastión que defiende a la persona frente a la tendencia del sistema económico de reducirnos a simples individuos intercambiables?

Exacto. Hay que agregar a los dos citados, a Nicolai Hartmann y su voluminosa Ética de 1926 donde desliza una crítica furibunda al hombre moderno “ que no solo es un presuroso incesante; es también el embotado, el snob al que ya nada eleva, nada conmueve, nada cautiva interiormente” (p. 58). Entonces solo puedo considerar lo que debo hacer si “veo” lo que es valioso para la vida. Y solo puedo ver lo que es valioso si siento este ver mismo como conducta valiosa, como tarea, como íntimo deber hacer.

La idea de persona como ser único, singular e irrepetible, moral y libre, es el principal aporte de la axiología a la ética contemporánea. Cabe recordar aquí que la idea de persona es una idea que proviene de la teología católica, especialmente, de los teólogos trinitaristas como el africano Mario Victorino. Idea que incorpora a la filosofía Anico, Manlio, Torcuato, Severino Boecio.

Esta singularidad de la persona distingue sustancialmente la visión del hombre, el mundo y sus problema  que tiene Occidente respecto de Oriente, que no la tiene. Y esto se ve claramente cuando hablamos de las postrimeras de la vida, pues para el budismo, el sintoísmo, el islamismo, incluso para el judaísmo, el alma del hombre se resuelve en una especie de miasma cósmico, el entendimiento agente, el nous poetikós, el alma, es una y la misma para todos en Oriente, mientras que para Occidente la persona perdura en su singularidad después de la muerte.


7. ¿Coincide en que el utilitarismo ha funcionado como una pseudo moral de gestión, donde la búsqueda del placer o la utilidad ha suplantado la búsqueda de la santidad (beatitud) o la excelencia humana?

El ideal de santidad ha sido reemplazado paulatinamente desde el momento en que el hombre centralizó su meditación en él mismo dejando de lado la intervención de Dios. Esto en filosofía comenzó con el ego cogito= yo pienso y que luego se fue transformando hasta llegar en nuestros días al ego volo= yo quiero o deseo. Hoy el hombre es su deseo que lo manifiesta en el consumo= homo consumans.

Esto terminó con la desacralización del mundo, cuando en la idea creatio ex nihilo=creación desde la nada, se mutiló la creatio quedando en pie solo la nihil= la nada. Lo que dio paso el nihilismo contemporáneo.

El utilitarismo es una de las formas menores de un fenómeno mayor que es el nihilismo. Expresiones como “el hombre es una pasión inútil”, “la única posibilidad es la de un pensiero débole”, “la incerteza es la única certeza”, “no hay hechos sólo interpretaciones”, todas pertenecen a esta familia de ideas.

Nihilismo y relativismo nos llevaron al desencantamiento del mundo y entonces para sobrevivirnos buscamos la salida de lo útil y lo correcto. reemplazando la virtud y el bien.

Los filósofos ingleses desde Moore  y su Principia ethica (1910) se transformaron en especialista de lo correcto. Por eso, es allí donde nace la reacción con la vuelta a la virtud con Elizabeth  Anscombe en 1958 con su brevísimo trabajo Filosofía moral moderna. El giro aretaico, donde nosotros nos inscribimos, es la respuesta actual y más genuina de la ética a los problemas del hombre hoy.



8. ¿Sería la ética actual un intento desesperado de explicar con lógica analítica lo que, en realidad, pertenece al ámbito de lo inefable o lo místico?

No, la ética actual no busca explicar lo inefable o místico. En todo caso pretende rescatar, buscando una nueva funcionalidad, a la virtud. Tratando de ayudar en lo posible, en lo probable, al desahuciado hombre de nuestros días. En el fondo, ofrece una salida con lo verosímil, y en esto es aristotélica.


9. Usted habla de las virtudes antiburguesas y la nueva fidelidad ¿Podría profundizar en qué consiste esta nueva fidelidad? ¿Sería una forma de resistencia frente a la ética líquida y el determinismo tecnológico actual?

Por supuesto que es una forma de resistencia frente a la ética líquida y el determinismo tecnológico actual. La vigencia de las  virtudes anti-burguesas como el compromiso, la serenidad, la gratitud, la generosidad, la paciencia, la confianza, la identidad, la integridad y tanto otras, son manifestación, aunque en ambientes reducidos, de la posible recuperación del sentido del hombre sobre la tierra.

La fidelidad antigua, esto es, la anterior a la modernidad, se caracterizaba por el ejercicio de la virtud, sea en la continentia  que formaba parte de la templanza, la última de las cuatro virtudes cardinales establecidas por Platón, sea que había verdaderamente amor de pareja y la fidelidad se mantenía per se.

La fidelidad de hoy no es incondicional, sino que es relativa al amor mientras dura. Ni tampoco la fidelidad se funda ya en la perpetuación del orden familiar como en el mundo burgués de la primera modernidad.

Es decir que hoy,  la fidelidad no se encuentra fundada en la virtud sino en el tiempo que dura el amor(en los casos donde lo hay).

Es sabido que por un problema de autoestima nadie quiere ser engañado, de ahí que esta nueva fidelidad quiera garantizar una cierta calidad de vida en el ámbito de los afectos de las partes en juego, eso es todo.

En realidad hoy vale más la lozanía de la relaciones que la libertad para llevarlas a cabo. Lo que se busca es un compromiso completo aunque se sepa que es por un tiempo determinado. Queremos todo pero sabemos que no lo tendremos para siempre. 

Ante la inconstancia y la precariedad de la vida y el trabajo, hoy tenemos mañana no, y la imposibilidad de asegurar realmente una vida amorosa libre, hace que vivamos una, por así llamarlo “fidelidad sin deber”. 

Deber que ha hecho que nuestros padres “tragaran amargo y escupieran dulce” en orden a la vida familiar cuando el amor había desaparecido. Es que

“hoy cuando se disipa la atracción  entre dos seres la fidelidad deja de estar investida de valor”. La nueva fidelidad se funda en el derecho intensivo de los afectos y nada más.

La gran diferencia entre ambas fidelidades es, no sólo, que la nueva fidelidad dejó de ser una virtud sino que al cambiar su anclaje, ahora se funda en los afectos, dejó de exigir la relación con el otro para transformase y limitarse en “fidelidad con uno mismo”.


10. Finalmente, ante los dilemas éticos ¿Cree que la ética debe seguir aspirando a la supervivencia del espíritu, o debemos resignarnos a que la ética sea solo una corrección procedimental en un mundo sin alma?

En gran parte ya respondimos a esta pregunta cuando mostramos como la ética moderna pasó de la exaltación del deber, a la corrección procedimental, a la incorporación de los valores para finalmente, rescatar la virtud como el poder que tiene la persona de formar y manifestar su carácter en el ámbito del obrar.

Respecto del espíritu sabemos que a través de sus dos rasgos: autoconciencia y libertad, que en la vida espiritual el que no avanza retrocede.

A diferencia del alma como forma del cuerpo propio que es siempre personal, el espíritu tiene una connotación cósmica como portador del yo primordial= Dios. Sus atributos más importantes  son, grosso modo: número (innumerable, absolutamente único),  tiempo, eterno o supratemporal), espacio (ubicuidad, estar y actuar en todas partes) y magnitud (inmensidad, no es mensurable).  

Para terminar quisiera dejar un breve comentario: La virtud tiene dos sentidos, uno ontológico como potencia= vir y otro práctico como areté=excelencia. 

El primero como conciencia de dominio y de poder, tanto sobre uno mismo y sobre los otros, pues nos pueden tomar de ejemplo. Este aspecto siempre ha sido postergado por el segundo, como ejercicio o hábito.

El sentido ontológico de la virtud como potencia nos muestra que las virtudes son prácticas comunes cooperativas que exigen una práctica concreta, social y política.

Existe un argumento contundente en favor de la ética de las virtudes y es la respuesta a la pregunta ¿Cómo puede ser que un agente moral en una situación determinada no responda a sus intereses particulares sino que incluso vaya en contra de sí mismo?

Siempre me impresionó el caso del cura Maximiliano Kolbe que durante la segunda guerra mundial, en un campo de concentración, pidió reemplazar con su vida a un padre de varios hijos condenado a muerte. 

Un caso más pedestre es cuando una madre se priva de su comida para darla a sus hijos, o cuando un comerciante sacrifica su ganancia en función de un necesitado, o cuando un profesor despilfarra su tiempo de vida, más allá de la cátedra y el salario, en gente que habla mal de él. Y así, miles de casos.

Ello se debe a la propia sujeción normativa a que nos somete la virtud, sin ella no habría tales acciones. Acciones que sin virtud no se pueden producir. Lo que muestra de manera indudable que el hombre tiene una destinación que va más allá del deber.