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Argentina: cosecha récord, y mesas vacías
La Argentina se encamina a una cosecha histórica de 160 millones de toneladas de granos. De ese total quedarán en el país cerca de 44 millones de toneladas para el consumo interno.
18/03/2026
Por Luis Gotte
La Argentina se encamina a una cosecha histórica de 160 millones de toneladas de granos. De ese total, aproximadamente 116 millones se exportarán, generando unos 34.500 millones de dólares. Quedarán en el país cerca de 44 millones de toneladas para el consumo interno.
Ahora pongamos el dato en términos humanos: con una población cercana a 50 millones de habitantes, ese volumen interno representa casi 880 kilos por persona al año, lo que equivale a 2,41 kg por persona por día en bruto. Un adulto promedio necesita entre 1 y 1,5 kg de alimentos diarios (considerando dieta variada).
Dicho sin vueltas: la Argentina produce alimentos de sobra para su pueblo. Y, sin embargo, hay millones de argentinos con dificultades para acceder a una alimentación adecuada. ¿Cómo se explica esta contradicción?
1. El problema no es la producción
No estamos ante un país que no produce. Todo lo contrario. Somos una potencia agroalimentaria. El problema es otro: producimos mucho, pero organizamos mal el acceso a esa riqueza.
El sistema funciona así:
- Los granos tienen precio internacional
- El productor vende al mejor valor posible
- El mercado interno paga ese mismo precio “exportable”
Entonces, el pan, la carne o la leche no se determinan por lo que cuesta producirlos en la Argentina, sino por cuánto valen en el mundo.
Resultado: el argentino paga comida a precio internacional con salario local.
2. Una matriz concentrada
A esto se suma otro factor clave: la cadena agroalimentaria está altamente concentrada.
Entre el productor y la mesa hay:
- Grandes acopiadores
- Exportadoras
- Industrias procesadoras
- Cadenas de comercialización
Cada eslabón agrega valor… y margen. El resultado es un sistema donde:
- La renta se concentra
- El consumidor paga caro
- Y el productor muchas veces tampoco captura todo el valor
3. Subalimentación en tierra fértil
La consecuencia social es grave. En un país que puede alimentar a más de 400 millones de personas, hay sectores con problemas de nutrición. Esto no es una falla técnica: es una falla política. No falta comida. Falta organización social del alimento.
Desde la perspectiva de la justicia social, esto es inaceptable. Porque el alimento no puede ser tratado como una mercancía más: es un bien esencial.
4. El valor argentino: calidad que no se reconoce
Hay otro punto que suele omitirse: el producto argentino tiene un valor diferencial real.
- Suelos fértiles de nivel mundial
- Agua de calidad
- Conocimiento técnico y desarrollo en ingeniería genética
- Productores altamente eficientes
Todo eso configura una ventaja competitiva extraordinaria. Sin embargo, ese valor:
- No se traduce en un mejor posicionamiento estratégic
- NI en una política de precios inteligente
Exportamos volumen, pero no siempre valor agregado ni diferenciación. Argentina debería vender mejor, no sólo más.
5. ¿Qué hacer?
Desde una mirada humanista y cristiana, el camino no pasa por enfrentar al campo, sino por ordenar el sistema. Algunas claves serian:
a) Prioridad alimentaria interna: establecer mecanismos claros para garantizar que una parte de la producción abastezca el mercado interno a precios accesibles.
b) Desacople inteligente: no eliminar el vínculo con el mundo, pero sí evitar que los precios internacionales golpeen directamente la mesa de los argentinos
c) Fortalecer mercados locales; acortar cadenas:
- Cooperativas
- Mercados de cercanía
- Participación municipal
Menos intermediación, más acceso.
d) Industrialización en origen; transformar granos en alimentos:
- Carne
- Lácteos
- Productos elaborados
Eso genera empleo y baja costos relativos.
e) Política de valor agregado exportador; cobrar un “plus argentino”:
- Calidad
- Trazabilidad
- Sostenibilidad
No vender sólo commodities, sino alimentos con identidad.
6. Conclusión
La Argentina enfrenta una paradoja brutal: récord de producción y déficit de acceso. No es un problema del campo. Es un problema de conducción.
La justicia social exige algo simple y profundo: que en la tierra donde sobra alimento, ningún argentino pase hambre.
Ordenar esa ecuación no es una utopía. Es una decisión política.