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Seiscientos pueblos para repensar buenos ayres

Diversos estudios demográficos muestran que existen unos seiscientas localidades y pequeños centros poblados bonaerenses que podrían incorporarse a una estrategia integral de repoblamiento territorial. No se trata de fundar nuevas ciudades. Se trata de recuperar las que ya existen.

07/06/2026

Por Luis Gotte

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La provincia de Buenos Ayres enfrenta una paradoja pocas veces discutida. Mientras el conurbano concentra problemas habitacionales, presión sobre los servicios públicos, dificultades de infraestructura y crecimiento desordenado, cientos de pueblos del interior productivo pierden habitantes o sobreviven con poblaciones cada vez más envejecidas.

Diversos estudios demográficos muestran que existen unos seiscientas localidades y pequeños centros poblados bonaerenses que podrían incorporarse a una estrategia integral de repoblamiento territorial. No se trata de fundar nuevas ciudades. Se trata de recuperar las que ya existen.

La revolución tecnológica abre hoy posibilidades que hace apenas una década parecían imposibles. La construcción mediante impresión 3D de hormigón permite levantar viviendas en plazos muy reducidos, con menores costos de mano de obra y una gran capacidad de adaptación a diferentes diseños arquitectónicos.

Imaginemos un programa provincial de largo plazo destinado a construir 60.000 viviendas en seis años, distribuidas estratégicamente en 600 pueblos del interior bonaerense. A un promedio de cien viviendas por localidad, podrían radicarse aproximadamente 300.000 nuevos habitantes, generando una transformación territorial sin precedentes desde la fundación de los numerosos pueblos ferroviarios.

Con un costo estimado de 90.000 dólares por unidad habitacional, la inversión total rondaría los 5.400 millones de dólares distribuidos durante seis años. Lejos de representar un gasto improductivo, constituiría una inversión estructural destinada a fortalecer el arraigo, dinamizar economías regionales y descongestionar áreas metropolitanas saturadas.

Sin embargo, las viviendas por sí solas no alcanzan.

La experiencia internacional demuestra que los programas exitosos de poblamiento combinan infraestructura habitacional con oportunidades económicas concretas. Los nuevos pobladores deberían integrarse a una estrategia productiva previamente diseñada.

El perfil demográfico buscado podría priorizar familias jóvenes, técnicos, ingenieros, docentes, programadores, emprendedores tecnológicos, especialistas en energías renovables, trabajadores vinculados a la agroindustria, profesionales independientes y pequeños empresarios productivos.

La expansión del teletrabajo, la educación a distancia y la digitalización de numerosos servicios permite hoy que miles de personas desarrollen actividades económicas sin necesidad de residir en grandes centros urbanos.

Al mismo tiempo, cada localidad podría especializarse en determinadas actividades estratégicas: producción agroindustrial, biotecnología, software, fabricación de drones, energías renovables, turismo rural, economía del conocimiento, industrialización alimentaria o servicios logísticos regionales.

La iniciativa requeriría conectividad de alta velocidad, centros de formación técnica, parques industriales livianos, infraestructura sanitaria y una fuerte articulación entre municipios, universidades, cooperativas y sector privado.

Lo fundamental es comprender que el problema bonaerense no es únicamente económico. También es territorial y demográfico.


Durante décadas, la provincia concentró población donde no podía sostenerla adecuadamente y abandonó territorios donde todavía existe capacidad para crecer.


Repoblar el interior productivo no significa vaciar las grandes ciudades. Significa equilibrar el desarrollo provincial.


Buenos Ayres posee tierra, agua, energía, conocimiento científico, universidades, capacidad industrial y cientos de pueblos esperando una nueva oportunidad.

La pregunta ya no es si existen los recursos para hacerlo...la verdadera pregunta es si existe una dirigencia capaz de pensar una provincia para los próximos cincuenta años y no solamente para la próxima elección.